Algo interesante es que no dividían
al médico y al cirujano, si no que el médico debía de ser también buen
cirujano; ellos debían saber desde lo más básico hasta lo más complicado, como
curar una enfermedad o herida, aplicar yerbas, saber sobre árboles, piedras y
animales, así como también saber de los huesos y cuestiones quirúrgicas. Para los
puntos usaban cabellos y después aplicaban bálsamos o ungüentos dependiendo la
zona de la herida. A la herida la llamaron tlacocolli.
La adquisición de conocimientos médicos
se daba de manera empírica ya que estos eran transmitidos de padres a hijos,
como los diferentes estados de la enfermedad, el modo de preparar los medicamentos
y las circunstancias en que debían aplicarse.
Cuando alguien presentaba una
enfermedad consideraban que su origen divino, natural o humano influía en su
naturaleza. Las enfermedades que eran ocasionadas por los dioses, espíritus y seres
celestes eran consideradas como calientes, mientras las causadas por seres del
inframundo eran frías. Tenían la creencia de que las partes del cuerpo y el
universo mantenían una armonía entre sí.
Dentro de la práctica médica,
designaron especialidades como por ejemplo, el tepatiani era curador de la mollera,
que presionaba el paladar de los niños con el fin de acomodar la fontanela; el
tezoani que pintaba figuras en el cuerpo antes de realizar una sangría para
curar la disentería. Los llamados tezalo o teomiquetz se encargaban de manejar
las fracturas de los huesos; tlancopinaliztli era el dentista y el texiuhqui era encargado de rasurar con navajas
el lugar que indicaban los cirujanos. También cabe mencionar que las parteras tenían
un papel muy importante, al igual que los cirujanos de trauma que eran
asignados para estar en el ejército indígena.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario